Por Roberto Morejón
Lleva días lloviendo mucho en La Habana. Todas las tardes es un diluvio. Enésimas jornadas que no cesa de llover. Llega la tarde, con ella las nubes negras y luego estos aguaceros tan nuestros del Caribe, torrenciales, sórdidos, inmensos…
Y te sorprende dondequiera. Y nada puedes hacer, o te refugias o te empapas. Yo me quedé en una oficina amiga donde me dieron cobija, pero la amplia puerta me permitía ver una de las calles interiores de Marianao.


